Pato cojo

Expresión que suele emplearse para denominar a un cargo electo al que, muy a su pesar, se le acerca el momento de dejar el puesto que ocupa, circunstancia que en muchas ocasiones se produce por una autolesión. Se dice eufemísticamente “que se ha pegado un tiro en el pie” para significar que se ha tomado una decisión equivocada cometiendo un grave error que puede costarle el cargo.

Esta es una situación que, en los últimos tiempos, se produce con mucha frecuencia entre los políticos, especialmente cuando se acercan los procesos electorales, en los que es habitual que los partidos y sus dirigentes pierdan la mesura, sensatez y buen hacer. Es un periodo en el que se ven sometidos a una fuerte presión, pues se enfrentan a la responsabilidad de someterse a la voluntad de las urnas, y para ello, previamente tienen que elaborar y presentar las listas de candidatos-as, negociar alianzas y posibles coaliciones, así como diseñar la estrategia de la campaña electoral con la que arañar los últimos votos.

En esta estresante actividad entran las formaciones políticas cuando se aproximan las elecciones, como en estos días previos los comicios autonómicos y municipales que celebramos el domingo. Esta situación, a los dirigentes de los partidos y a muchos de sus afiliados les produce una gran ansiedad, que principalmente es generada por el estrés que provocan las fuertes presiones que durante la elaboración de las listas se producen.

A lo largo de este proceso, son muchas las tensiones que se generan en los grupos políticos que, en algunas ocasiones, dan lugar a importantes desacuerdos y profundas enemistades entre miembros del colectivo. Esta situación, se da mayormente entre quienes se disputan los primeros puestos de la lista, ya que estos son los que tienen más posibilidades de obtener un acta de concejal o concejala.

Igualmente, debe generarles bastante desasosiego las negociaciones que tienen que afrontar con otros partidos para establecer los posibles pactos y coaliciones que electoralmente más les convenga. Seguramente, también la posición que deben adoptar en el pleno de investidura, y los posibles acuerdos que tienen que producirse entre los grupos municipales para la elección del alcalde, formación del gobierno y reparto de las liberaciones políticas. Estas deben ser situaciones que provocan también una elevada tensión sobre las organizaciones.

Este tipo de decisiones, si no se acuerdan de forma participativa y democráticamente, pueden lesionar seriamente la cohesión interna de las formaciones políticas, teniendo mayor repercusión sobre las estructuras de las organizaciones locales. Una situación, a la que si no le ponen remedio, les llevará a perder influencia social y padecer una importante esclerosis funcional.

Pero si hay algo que les produce desasosiego a los miembros de las organizaciones que se someten a la contienda electoral, es la cantidad de votos que su formación va a obtener y el número de concejales y liberados políticos que les puede proporcionar. La angustia crece aun más entre los candidatos sobre los que hay duda respecto a si obtendrán o no el acta de representante, contribuyendo también esta situación a tensionar el equilibrio interno de los partidos.

No es de extrañar que en estas condiciones los líderes de los partidos en algún momento de su carrera política “se peguen un tiro en el pie”, pues el nerviosismo al que estos procesos les somete lleva en ocasiones a cometer graves errores, tomando decisiones equivocadas. Pero más allá de todas estas circunstancias, puede que haya otras que justifiquen también la comisión de errores, generados posiblemente por el desconocimiento objetivo de la realidad local, de la que en muchas ocasiones hacen una lectura equivocada de las necesidades que más preocupan a la ciudadanía. Sin embargo, no es esta la situación que más amenaza el prestigio y honorabilidad de las instituciones democráticas, pues hay otros motivos que socaban aún más su reputación y respeto, como el comportamiento escasamente ético que muestran muchos de los representantes públicos.

En los últimos tiempos es bastante frecuente que los primeros puestos de demasiadas listas los ocupen candidatos que exhiben formas y maneras repletas de actitudes sectarias, deshonestas, autoritarias y poco democráticas, perpetradas por personas escasamente cultas. Últimamente nuestro municipio ha dado muchos ejemplos, que desgraciadamente hemos tenido que padecer y soportar, mientras observamos cómo el desprestigio del ayuntamiento no deja de crecer.

Sin embargo, se supone que las ciudadanas y ciudadanos de San Sebastián de los Reyes, como las de todos los municipios, lo que pretenden cuando depositan su voto, es que la opción que han elegido sirva para que sus pueblos y ciudades mejoren, elevando la calidad de vida de sus habitantes. Esto es lo que los electores desearían y a lo que le dan valor, o al menos sería razonable que lo hicieran, si pretenden que los municipios avancen y verdaderamente progresen, lo que requiere de acciones concretas que conllevan también importantes inversiones económicas. Pero por encima de todo ello, es preciso que haya una firme voluntad por parte de los representantes gubernamentales de trabajar honesta y eficazmente en beneficio de los intereses públicos de toda la ciudadanía.

Lamentablemente, en demasiadas ocasiones observamos cómo desde la institución municipal se favorecen intereses privados y particulares, beneficiando a unos pocos que se aprovechan del patrimonio público en detrimento de la mayoría social. Este comportamiento, en exceso frecuente en los Ayuntamientos, se debe entre otras cosas a que muchos de los partidos que se presentan a las elecciones municipales, practican políticas clientelares basadas en el intercambio extraoficial de favores, que algunos representantes públicos utilizan para regular concesiones, otorgar prebendas, promover recomendaciones y facilitar puestos de trabajo a cambio de apoyo electoral.

Con estos comportamientos y actitudes los comicios electorales se convierten en un triste y repulsivo mercadeo de votos, llegándose incluso en algún caso a comprar la cabecera de la lista, como parece que ocurrió en SanSe con alguno de los partidos que se presentaron en anteriores elecciones locales. Desde luego, estas no son las formas que deberían adoptar los representantes públicos en una sociedad democrática, pues con ellas es prácticamente imposible que los pueblos puedan prosperar y mejorar la calidad de vida de sus habitantes.

Si a estas circunstancias además se añade que en las grandes poblaciones muchas ciudadanas y ciudadanos votan a ciegas, es decir, con muy poca información sobre lo que acontece en su ayuntamiento, respecto a la gestión realizada por el gobierno local o el comportamiento ético mantenido durante la legislatura por los concejales, el modelo democrático se convierte prácticamente en una quimera. Sucede también, que los electores en muchas ocasiones votan desconociendo las propuestas que contiene el programa electoral del partido al que piensan apoyar, contribuyendo este comportamiento a dificultar el control ciudadano sobre los proyectos y compromisos adquiridos por los partidos durante la campaña electoral.

De esta manera no puede haber para el pueblo garantías de buena gobernanza, dificultándose de forma severa la posibilidad de mejorar el bienestar de sus moradores. Ante estas circunstancias, el municipio se convierte también en un “Pato Cojo”, incapaz de levantar el vuelo hacia el futuro, porque su ciudadanía inconscientemente “se ha pegado un tiro en el pie”. Una autolesión que provocará dolor y pesar, al comprobar que sus consecuencias no permitirán que SanSe prospere como podría hacerlo si se incrementaran las atenciones que la ciudadanía recibe, y se mejoraran sus servicios públicos.

En algún momento se abrirá paso el conocimiento y la sensatez que nos permita darnos cuenta, objetivamente, que a este paso tardaremos mucho tiempo en conseguir un municipio amable, que cuenta con una bella ciudad, eficiente y deseable para vivir, como mereceríamos tener los pobladores que habitamos las tierras de San Sebastián de los Reyes.

Mayo de 2023

Alfonso.

Alfonso