La Zaporra, recuerdo de un barrio con historia

El desarrollismo tardofranquista

La imagen que encabeza el artículo, una vieja placa aparentemente de mármol, ubicada y a duras penas distinguible entre la maleza en la fachada de una vieja casa baja humilde del barrio de la Zaporra, podría ser una imagen sin más, el nombre de una calle, como muchas otras placas de muchas calles y barrios de San Sebastián de los Reyes, Madrid o España.

Sin embargo, esta no es una placa más. Esta placa corresponde a una calle que ya no existe, recuerdo de un barrio que ha cambiado tanto que es ya difícil distinguirlo. Entre la maleza y agudizando la vista, se entrevé el nombre de Avenida de Barcelona, antiguo nombre original de la calle actual en la que está ubicada la placa y la vivienda, la actual Avenida Maximiliano Puerro del Tell. Esta placa y la casa en sí misma nos recuerda cómo y de qué manera, este pequeño barrio, ubicado antiguamente en el extrarradio de una ciudad del cinturón metropolitano del norte de Madrid, ha cambiado en los últimos 30 o 40 años, de ser un pequeño barrio alejado, abandonado y precario, a ser un barrio moderno, avanzado, transformado y conectado con los dos pueblos entre los cuales está encajado, Alcobendas y Sanse, con quienes comparte la totalidad de su alcance histórico.

La Zaporra, original y realmente nombrado Barrio de Nuestra Señora del Pilar de Alcobendas y de S.S. de los Reyes es una rara avis dentro de la historia de ambos núcleos urbanos, pero no lo es tanto en el momento y el contexto histórico en el que surge, fruto de la emigración interna masiva de los años 50 y 60 de la España franquista y fruto de la urbanización de trabajadores inmigrantes de toda España en los grandes núcleos urbanos de la entonces Provincia de Madrid.

Por aquel entonces, en la España de los años 50 y 60, la situación era muy diferente a la España actual. Nuestro país, fruto de una dura y cruenta guerra civil de tres años que dejó su huella y presencia en Alcobendas y Sanse, dejó paso a 10 años, los terribles y durísimos años 40, de carestías, hambruna, pobreza, aislamiento internacional y una dura reconstrucción humana y económica de un país devastado que tardaría años en recuperar la normalidad en sus calles y barrios.

Debido, además, a la cercanía del régimen franquista a las derrotadas potencias del eje en la guerra civil y mundial, nuestro país se vio sometido a un duro aislamiento internacional, siendo condenada al ostracismo por las vencedoras potencias del conflicto bélico, y viéndose obligada a reconstruir económicamente un país en posguerra en solitario, contando únicamente con sus propias fuerzas humanas y materiales y las pocas y escasas ayudas internacionales que, como las de la Argentina peronista, ofrecían su apoyo en mitad del veto internacional.

A esos terribles y duros años de la posguerra le siguió una etapa algo más favorable a partir de los años 50 y 60. El avance y desarrollo de la guerra fría entre el bloque capitalista occidental liderado por los Estados Unidos y el bloque socialista oriental liderado por la Unión Soviética encontró en la España franquista una pieza importante. Ubicado a mitad camino entre ambos bloques, el sesgo pro-occidental del régimen provocó que Estados Unidos fuera relajando el veto internacional contra el régimen a lo largo de los años 50.

Fruto de ello se inicia en los años 50 una apertura internacional del país; la ONU levanta el veto diplomático y la mayoría de las naciones occidentales envían sus embajadores a España, que integra la UNESCO y la ONU y especialmente inicia un acercamiento a los Estados Unidos, materializado en los acuerdos de las bases militares y en la visita del Presidente Eisenhower a la España franquista a finales de los años 50. Ello provoca una apertura no solo diplomática, si no también comercial que provoca un mayor desarrollo económico en nuestro país.

Es, precisamente, de la mano de este desarrollo económico e industrial del país en la época franquista, cuando se empieza a extender el desarrollo demográfico y urbanístico. Es, fundamentalmente a partir de los años 60 con los “Planes de Estabilización”, cuando se produce, gracias a la enorme emigración de las zonas rurales, un auge de la construcción, derivado de la especulación del suelo, desarrollado al calor del incremento del sector turismo y servicios en el país.

Para intentar distribuir la industria por el territorio se crearon “Polos de Desarrollo”, cuya localización contribuyó a crear una desigualdad entre regiones más desarrolladas y concentradas industrialmente (Madrid, este  Mediterráneo, País Vasco…) frente a otras que empezaron a quedarse rezagadas (ambas Castillas, Andalucía, Extremadura…), y fueron algunas ciudades y zonas, como los denominados cinturones industriales y urbanos en torno a la Provincia de Madrid, los que empiezan a absorber la ingente cantidad de emigración rural proveniente fundamentalmente de Extremadura, La Mancha o Andalucía, que a lo largo de los años 50-70 se desplaza en un éxodo rural campo-ciudad, para encontrar un futuro laboral próspero y trabajo en las grandes fábricas e industrias que empezaban a desarrollarse desde las fábricas de Alcobendas, Madrid o el cinturón rojo del sur de Madrid como Móstoles, Leganés o Getafe, que empiezan a desarrollarse no solo económicamente, si no también demográfica y urbanísticamente.

En el plano del urbanismo, durante los años 40 y 50, Madrid se convierte en la ciudad que es hoy, y poco a poco se anexiona municipios limítrofes (Chamartín, Carabancheles, Barajas, Hortaleza, Canillas, Canillejas, Aravaca, Vicálvaro, Fuencarral, Vallecas, El Pardo, Villaverde…) y se inicia, especialmente en la capital, una recuperación económica fruto de la ayuda internacional al régimen.

Sin embargo, se produjo un mayor crecimiento económico fruto de las reformas económicas y de los pactos comerciales con el extranjero, lo que provocó una polarización social  y de clase cada vez mayor. Se iba forjando a pasos agigantados, por un lado, una clase media y alta que se beneficiaba de las mejoras económicas y de la introducción del sector bancario, empresarial e industrial en el país, y una clase trabajadora, cada vez mayor y más empobrecida por el aumento de la llegada de personas migradas de otros puntos del país a los barrios obreros del norte y especialmente del sur de Madrid, debido al despegue económico que estaba viviendo ya en esos momentos la capital del estado.

Los barrios obreros del sur (desde Vallecas, Moratalaz y Carabanchel en Madrid, hasta las ciudades satélites del sur, como Alcorcón, Getafe, Móstoles, Leganés…)  y del norte (especialmente el caso de Alcobendas y San Sebastián de los Reyes) de la Provincia de Madrid muy pronto empezaron a absorber a toda esa clase obrera y trabajadora nueva surgida con el desarrollo del capitalismo y de la industrialización que el régimen había ido introduciendo para ponerse a la altura de desarrollismo económico del resto de sus aliados occidentales.

Dentro de este desarrollo demográfico y urbanístico, destaca el caso de Alcobendas y Sanse, que en estas décadas de los años 50, 60 y 70 empiezan a dar el paso de ser los pueblos rurales pertenecientes al partido judicial de Colmenar Viejo, el gran núcleo urbano al norte de Madrid, a ser las grandes ciudades desarrolladas del área metropolitana en las que se acabaran convirtiendo a partir de los años 80 y 90.

En un artículo titulado “Los emigrantes de Madrid se quedan en la provincia” del Diario Ya en su edición del 19 de noviembre de 1977 se afirmaba a modo de resumen que;

Según los datos estadísticos al 31 de diciembre del pasado año, en Madrid entraron 10.331 inmigrantes, mientras que salieron 15.131 emigrantes. Es decir, que sobre la frialdad de los datos estadísticos, en Madrid se ha producido dentro del capítulo de emigración un descenso de 4.804 habitantes”.

Sin embargo, si en la ciudad de Madrid descendía el número de inmigrantes interiores, ¿a dónde se estaban marchando? La respuesta la da el artículo, afirmando que;

“Muchas personas que llegan a nuestra ciudad no se empadronan hasta que no han pasado incluso años, y también muchas de las que salieron de Madrid fueron a residir en los denominados pueblos dormitorios, manteniendo en nuestra ciudad su centro de trabajo y conservando los servicios que le eran habituales en ésta.

En cuanto a los destinos a que se dirige la población que sale de Madrid está encabezada por la provincia de Madrid, con 24.457 habitantes. Este es el destino de los 24.457 habitantes que desde Madrid se dirigen a zonas de la provincia: Móstoles, 5.681; Leganés, 4.737; Alcorcón, 3.337; Getafe, 2,257; Parla, 1.557; Coslada, 1.123, Alcalá de Henares, 1.054; Alcobendas, 976; Fuenlabrada, 673; Torrejón de Ardoz, 650; San Sebastián de los Reyes, 515; Pozuelo de Alarcón, 290; Pinto, 140; Arganda, 129; San Fernando de Henares. El resto de la población emigratoria de Madrid con destino a 1a provincia se ha distribuido así: 535 habitantes en distintos pueblos del Área Metropolitana, no citados, y 688 en otros pueblos del resto de la provincia”.

Es decir, que solamente entre los municipios de Alcobendas y Sanse, para finales de los años 70, sumaban un aumento de casi 1500 personas, excesivo para dos pequeños pueblos. Concretamente, en San Sebastián de los Reyes se registraba  un aumento de más de 500 personas  con destino a este municipio, que se refleja claramente en el espectacular ascenso de la población local durante aquellos años.  Esto lo recoge muy bien el cronista local Santiago Izquierdo en sus “Episodios de la Historia de Sanse”, que señala cómo la población de Sanse pasa de poco más de 3.000 vecinos en 1960 a más de 15.000 en 1970 y a casi 40.000 en 1981, es decir, en este periodo que media entre 1960-1980, en unos 20 años, se produce un incremento espectacular de más de 30.000 vecinos. Parecido será el aumento de la vecina Alcobendas, que pasa de poco más de 3.000 vecinos en 1960 a poco más de 25.000 apenas 10 años después en 1970.

 

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Este auge, sin parangón en toda la historia local del municipio, tiene como explicación clara y evidente el auge de estos inmigrantes, procedentes de diversos puntos y lugares de la España rural que, durante los años 60 y 70, emigran masivamente a Madrid y los cinturones urbanos del norte y sur del área metropolitana, en ese éxodo campo-ciudad de finales del franquismo, fruto del auge de la industrialización, el desarrollo capitalista y el aumento del bienestar derivado del desarrollismo de la guerra fría, en la cual barrios obreros de pueblos como Sanse y Alcobendas tales  como “La Zaporra” acogieron a una gran parte de esa población emigrante que vivía en condiciones precarias.

 

  • La Zaporra; orígenes y gestación de un barrio trabajador al norte de Madrid

Es, precisamente, en esos años 60 y 70, cuando surgen barrios nuevos en poblaciones como Carabanchel, Moratalaz, Vallecas o las mencionadas Alcobendas y S.S. de los Reyes que ven cómo, en estos años, y fruto de esta emigración interna española, desarrolla un nuevo espacio demográfico y geográfico, inicialmente de infravivienda o de viviendas precarias en barrios y zonas precarias como es la citada Zaporra, una extensa área geográfica a caballo entre ambas poblaciones, denominada realmente Barrio de Nuestra Señora del Pilar y ubicada geográficamente en una elevación denominada el Cerro del Tambor, como señala Izquierdo.

Sin embargo, popularmente y desde sus inicios, esta zona ubicada en las afueras de ambos municipios será denominada popularmente como La Zaporra, debido a diversas teorías. Según Julián Caballero Aguado en su “Historias del antiguo Alcobendas”, “zaporra” podría venir derivado, o bien de la palabra “saburra” (arena),   bien  de la palabra “zaborra” (barro) e incluso encuentra ecos en la palabra vasca “zaporra” (planta acuática que encontraría coherencia con arroyos que había en esa misma zona), mientras que Santiago Izquierdo en sus “Episodios de la Historia de Sanse” o Luis Arribas Sandonís y Antonio Cancho López en su trabajo “El barrio de La Zaporra; de la marginalidad a la centralidad” encuentran el origen del topónimo relacionado con “cepa”, debido a las antiguas plantaciones y cepas de viñedos que cubrían el cerro y los terrenos donde posteriormente se ubicaría el nuevo barrio.

Así, y una vez llegadas las nuevas oleadas de migrantes internos, y ante la falta de espacio en los núcleos urbanos de ambos municipios, a lo largo de los años 60 y 70 se empiezan a erigir las primeras casas precarias en un barrio y una zona que, en aquellos años, era un enorme erial, un enorme campo no urbanizado, sin servicios de ningún tipo, con materiales precarios y alejado de los núcleos urbanos de ambos municipios, que les hacían vivir en una situación inicial de marginalidad y precariedad absoluta.

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Ello, como es lógico, da lugar a que en los primeros años 60 y 70 el barrio y sus vecinos, la mayoría de ellos migrantes procedentes de la España rural, se vean forzados a vivir en condiciones precarias que son bien reflejadas en la prensa de la época y en los pocos estudios profundos que se han elaborado del tema, especialmente el mencionado  trabajo “El barrio de La Zaporra; de la marginalidad a la centralidad” de Luis Arribas Sandonís y Antonio Cancho López.

En lo relativo a la prensa, destaca, por ejemplo, el periódico vecino Nuevo Alcobendas, creado por el padre Camón de San Lesmes de Alcobendas, que en su número 4 de 1971 publica un artículo de Matilde Barrio titulado “Una visita a la Zaporra”, donde se dice;

“¿Sabéis dónde está La Zaporra? Yo sí, he ido muchas veces, unas con sol, otras con frío y otras con barro hasta los tobillos, pero eso no me importa, pues pienso que los que allí viven tienen que hacer el mismo recorrido desde Alcobendas y quizá varias veces al día.

Y sigo yendo. Me interesan las personas que forman La Zaporra. He hablado con muchas de ellas y me han contado. La mayoría de ellos han venido de las zonas de Andalucía y Extremadura. Han comprado o alquilado una casa en La Zaporra o han conseguido una parcela algo más barata que en Madrid y la han construido ellos mismos sacrificando sus ratos libres y sus domingos.

Y digo sacrificando porque creo que es muy duro trabajar en la obra todos los días, de sol a sol y tener que seguir haciendo lo mismo en sus ratos de ocio, en vez de distraerse en otras cosas. Son muy trabajadores, no pueden ser de otra forma, si quieren sacar a su familia adelante. La vida es dura para ellos y hay que usar todos los medios al alcance para poder ir tirando. Por eso, las mujeres de La Zaporra van a hacer horas, fuera de casa, aun a costa de dejar a sus hijos abandonados porque no hay suficientes plazas en los colegios, o la guardería les parece demasiado cara.

Cuando fui por primera vez allí vi que el agua que usaban era de pozo. Han conseguido algo ya: tres fuentes.  Aunque es pesado tener que cargar constantemente con los cubos, creo es mejor que no tener la desconfianza de si el agua de los pozos es potable o no lo es. Pero creo además, que tienen intención de conseguir algo más: tener agua corriente en casa. ¿Se hará realidad su sueño algún día? En sus manos está el obtenerlo, ya que no en sus escasos medios económicos.

También me han contado que en su pueblo les iba a visitar el médico cuando estaban enfermos y que aquí, en La Zaporra, tienen que ir a buscarle a Alcobendas, en caso de emergencia, pues si se le avisa por teléfono se corre el riesgo de que no sepa encontrar la casa donde vive su paciente, pues algunas de las calles no tienen nombre y la numeración está hecha de forma confusa. Ellos esperan que algún día La Zaporra tenga su médico, y muchas cosas más: comercios, farmacias, iglesia, dispensarios, locales de reunión…Esto ha sido lo que yo he visto en La Zaporra. Creo que no es poco”.

Llama profundamente la atención la descripción que de La Zaporra hace la autora, que describe la realidad de este barrio en el extrarradio alcobendense y sansero casi como un viaje misionero al tercer mundo subdesarrollado, con carencias de todo tipo, subdesarrollo, precariedad, miseria y desatención, y sin embargo, esta describiendo el que a día de hoy es un barrio más a caballo de los dos municipios.

 

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En el ABC del 28 de agosto de 1973 aparece una entrevista al entonces alcalde de San Sebastián de los Reyes, señor Felipe Laporta, en el que reconoce los problemas y carencias de este barrio precario, describiendo las actuaciones necesarias a efectuar, tales como “…la pavimentación de los barrios de La Zaporra y Praderón, con su red de alcantarillado”.

En el mismo diario de ABC, del 11 de octubre de 1974 surge otro artículo muy descriptivo de la precariedad local, firmado por Antonio de Obregón  en el que afirma;

“La Zaporra, a quince kilómetros de Madrid, es una madeja difícil de desenredar, lo que corresponde a los Ayuntamientos de Alcobendas y San Sebastián de los Reyes, y al Área Metropolitana.

Más de mil familias, cinco mil personas, ruegan, solicitan, escriben cartas, curan instancias con relación a su barrio, que carece de colegios, de transportes, de asistencia médica. La Zaporra, dicen que se construyó sin licencia de nadie y al parecer sin proyecto alguno.

Ahora todo se acumula. Muy pocas plazas de enseñanza gratuita, falta de profesores, calles sin pavimentar, luz escasa, cuestiones de competencia  y de jurisdicciones. En un escrito al alcalde del mencionado pueblo los vecinos decían; no se puede vivir eternamente entre barro y entre polvo, queremos que el transporte público pueda llegar al barrio, queremos un barrio dotado de los más elementales servicios urbanos.

Cuando se realizan obras de urbanización, tan deseadas, los vecinos se quejan de la desmesurada altura de la rasante de la calle, que priva de iluminación y ventilación a los pisos bajos, ya que en algunos tramos queda la calle casi a dos metros por encima de la cota de acceso a las viviendas”.

En una última editorial del periódico Nuevo Alcobendas de finales de los años 70 titulada La Zaporra, aun se afirmaba al respecto del barrio que;

“Hace años surgió en formas más bien anárquica esta iniciativa de edificar viviendas, con frecuencia unifamiliares, al menos en la parte de Alcobendas, en esa zona norte de nuestros pueblos. La falta de planificaciones previas y de planes urbanísticos repercutió en un excesivo margen a la iniciativa de los particulares que habían adquirido las parcelas y se habían ido construyendo sus casas.

Como consecuencia de todo ello, apareció un núcleo residencial con ausencia de alineaciones racionales en las calles, con rasantes excesivamente alterados y con otra serie de inconvenientes de todo tipo. No tuvieron durante muchos años los más elementales medios de vida humana (agua corriente, iluminación viaria, atenciones sanitarias, docentes, religiosas…) y todavía siguen arrastrando una serie de limitaciones, especialmente en orden a la urbanización del barrio.

Las especiales características impiden una acción decisiva de recuperación total sin condicionarlo a un plan parcial general que necesariamente tiene que afectar a los derechos adquiridos por unos vecinos en situación económica modesta, cuyas viviendas, construidas siempre con gran sacrificio, corre peligro  de sufrir limitaciones de espacio y de piqueta”.

También en el libro mencionado de Arribas Sandonís y Cancho López se afirma que;

“Los primeros ocupantes del barrio se encontraban con un estado de marginación urbanística además de social. Por un lado, la lejanía del entorno urbano llevaba a las situaciones más terribles de aislamiento para todos los servicios. Desplazarse a través de barrizales hasta la parada del autobús de Madrid, o carecer de electricidad hasta bien entrados los años 60 se sumaba a las difíciles condiciones de habitabilidad.

Por otro lado, este aislamiento, acompañado de la marginación social, que llevaba a ciertos servicios públicos a negarse a acceder a La Zaporra: había que bajar a la antigua oficina de Correos a por el servicio postal, o arrancar de su asiento a determinados médicos para que atendiesen casos en el barrio”.

Como afirman en el documental “La Zaporra, seña de identidad” de Norte visión varios vecinos del barrio;

Era un barrizal, todo era barro. No había nada sanitario, ni alcantarillado y la única manera que había  de hacer las reclamaciones al Ayuntamiento era uniéndose”.

 

  • El esfuerzo colectivo para sacar adelante un barrio

Poco a poco, sin embargo, a lo largo de los duros años 60 y 70, el barrio va transformándose y los servicios van llegando difícil y lentamente a un barrio precario y marginal compartido por ambos ayuntamientos, aunque desde luego ello no fuese ni fácil ni gratuitamente.

Los zaporranos, como al parecer se les denominaba despectivamente, tuvieron que ingeniárselas como pudieron, ejerciendo una enorme red de solidaridad y apoyo inter comunitario y especialmente a través de las asociaciones y grupos de presión vecinales para apelar a las autoridades locales y de Madrid para adecentar y dignificar sus barrios. Fueron los duros años de presión social, lucha vecinal y apoyo colectivo como único remedio y receta para abandonar el estado de marginalidad social y desabastecimiento total que padecían.

Así lo afirma el ya mencionado editorial del Nuevo Alcobendas sobre el barrio;

“En defensa de los intereses particulares de los vecinos han surgido plausibles organizaciones, que ha luchado y siguen luchando con tesón. En repetidas ocasiones han obtenido audiencia en los medios de difusión, especialmente en la prensa y han conseguido también una atención muy concreta del Área Metropolitana”.

Como indican nuevamente Sandonís y López;

“Los mecanismos de defensa  de los primeros ocupantes fueron la creación de relaciones de confianza y amistad, alrededor de núcleos básicos de funcionamiento del barrio (el bar, las monjas…) y que forzarían la existencia de un núcleo de resistencia vecinal.

En la clandestinidad más absoluta, los vecinos con talante más dispuesto iban pasando a la organización, en la que se habían esparcido las formas políticas más de izquierda de los años finales de la dictadura. La ORT tenía representantes en el barrio (incluso algunas de las monjas), la militancia del PCE era igual de importante en el tejido social de La Zaporra. Se llegó entonces a la constitución de la asociación de vecinos del barrio trabando las dos áreas de La Zaporra para 1972”.

 

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En la propia página web de la Asociación de Vecinos de La Zaporra hablan así de sus orígenes;

“La historia de la A.A. V.V. de La Zaporra, está directamente ligada a la creación del barrio del mismo nombre, allá por el final de los años 60. Fueron un grupo reducido de gente, hombres y mujeres, procedentes de distintos lugares de la geografía española, que eligieron asentarse en este lugar, creando un barrio que ellos mismos con su esfuerzo y abnegación, fueron mejorando y dotando de servicios.

El barrio comenzó a asentarse en una zona de viñas, cuyos dueños deciden vender, en pequeñas parcelas, de unos 200 m2, a aquellos primeros emigrantes. Con un esfuerzo digno de admiración, después de terminar sus agotadoras jornadas de trabajo, emplean sábados, domingos, fiestas y cualquier tiempo libre, en levantar sus propios hogares, con sus propias manos y con la ayuda de familiares, amigos y vecinos.

La carencia de servicios básicos para el desarrollo del barrio, da pie para que un grupo de vecinos, en su afán por reivindicar sus derechos fundamentales, decida constituir una asociación de vecinos, para desde ella tratar de resolver las carencias existentes en el año 1972, una vez legalizada”.

Además de las redes sociales internas y la poca ayuda que les llegaba desde el exterior, los vecinos de La Zaporra contaron ocasionalmente con algunos apoyos locales, específicamente en Alcobendas, donde sus problemáticas específicas llegaron a encontrar en los años 70 un potente altavoz en la figura del ya mencionado periódico Nuevo Alcobendas y especialmente en la figura del conocido Padre Camón.

Existió en el tardofranquismo un claro compromiso de ciertos sacerdotes con inquietudes sociales que en los barrios obreros del Madrid de la época desplegaron una intensa campaña de apoyo a los más desfavorecidos y de los disidentes dentro del franquismo; el famoso Padre Llanos en el Pozo, el Padre Mariano Gamo en  Moratalaz y el menos conocido  Padre José Antonio García Camón en Alcobendas.

El caso del Padre Camón es otro ejemplo prototípico de sacerdote concienciado con los problemas sociales de una barriada humilde y obrera que, primero tímidamente y luego de una forma más abierta, se enfrenta desde su púlpito, en este caso de la Iglesia de San Lesmes de Alcobendas, y además en su caso concreto desde las hojas de un periódico municipal editado por él mismo, el “Nuevo Alcobendas”, a las desigualdades e injusticias sociales que él veía a su alrededor.

Camón, a finales de los años 50, pasa al Seminario Conciliar de Madrid (a escasos metros del Palacio Real) donde se ordena sacerdote. Poco después, en 1964-1965 es destinado a Cenicientos y en torno a 1968 pasa a Alcobendas. Allí, según informa el investigador local Julián Caballero en su “Historia de Alcobendas”, el Padre Camón se hace cargo de la recién creada Iglesia de San Lesmes desde 1970 hasta su muerte en 1991. En esos poco más de veinte años, Camón se convierte en una auténtica referencia para los sectores populares, excluidos y para los perseguidos por el régimen franquista, fundamentalmente a través de dos labores: la acogida y refugio de huelguistas y opositores clandestinos antifranquistas de la localidad (a través de asambleas y reuniones clandestinas de organización), según informa el párroco local Pedro Tortosa, y la denuncia de las injusticias sociales desde su periódico “Nuevo Alcobendas” (publicado entre 1971-1977), durante la alcaldía de Tomás Páramo y Julián Baena.

El periódico tenía varias secciones dedicadas a historia local, cultura, festejos, deportes, vida religiosa y varias secciones de opinión  y análisis político, económico y social, donde se daba una opinión clara de la situación del pueblo y del país. Ya en su primera editorial se denunciaba la dificultad de “entablar diálogo sobre problemas comunes”.

En sus seis años de existencia, desde sus páginas, se hicieron eco denuncias (cada vez más abiertas a medida que se producía el final del régimen y, ya abiertamente demócratas a partir de 1975) como las crecientes desigualdades sociales, la especulación urbanística, la falta de iglesias, la falta de servicios sociales, el paro, la conflictividad y los problemas laborales,  en sus dos últimos años se informaba abiertamente sobre huelgas y manifestaciones, se daba voz a los actos y manifiestos de los partidos y sindicatos de la oposición democrática, como PSOE, CNT, PCE o grupos feministas, y especialmente se trató  la desatención de determinados barrios locales como el caso ya visto de La Zaporra, al que se dedicaron varios artículos y análisis de denuncia de sus precarias condiciones de vida, como afirma en el documental “La Zaporra, seña de identidad” de Norte visión una vecina del barrio; “…la Parroquia de San Lesmes ayudó mucho a la gente de La Zaporra. Puso un despacho de abogados laboralista para que la gente fuera”.

Sin duda, esta demarcación hacia la izquierda antifranquista en los últimos años del periódico, y su relación con los grupos clandestinos en San Lesmes motivaron que se dejara de inyectar dinero en el periódico y que, ya para diciembre de 1977, desapareciera definitivamente, si bien el Padre Camón seguiría desde su iglesia y su despacho atendiendo a las necesidades sociales de su barrio hasta su muerte.

Poco a poco, la presión de las asociaciones y grupos vecinales, de la prensa local y la consolidación lenta y progresiva del proceso democrático provocó que éste y otros barrios desabastecidos fueran siendo atendidos y se inyecta dinero de los consistorios locales para elevar las condiciones de vida e infraestructuras del barrio; en el ABC del 18 de octubre de 1978 se recoge una inyección del Ayuntamiento de Alcobendas de nada menos que 116.768.148,50 pesetas para urbanización del barrio de La Zaporra, ampliado nuevamente en el ABC del 2 de enero de 1999, con otra inyección de 100 millones de pesetas del consistorio alcobendense para remodelación del barrio.

 

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Con el paso del tiempo, La Zaporra fue derivando lentamente y el barrio se transformó de un enorme barrizal alejado del centro urbano, desabastecido, desatendido e ignorado por las administraciones locales y provinciales a un barrio más, moderno e integrado en la trama urbana de ambos municipios, aunque sin perder su identidad obrera. La construcción a lo largo de los años 90 en las inmediaciones de La Zaporra de infraestructuras y edificios tales como el Ayuntamiento y los juzgados de Alcobendas, el Centro de Especialidades, y en la parte vecina del Centro Socio Cultural Claudio Rodríguez, la Comisaria de Policía Nacional o el Cercanías de Alcobendas-SSReyes revalorizó considerablemente la zona y la dotó de los servicios de los que careció durante décadas.

A día de hoy, La Zaporra, al igual que otros barrios obreros de Carabanchel, Vallecas, Moratalaz o el cinturón sur de Madrid, supone un éxito de integración y un ejemplo de cómo, por el tesón, el trabajo y el esfuerzo diario, se puede integrar y elevar el nivel social, respetando, aun a costa de sacrificar parte de las tramas urbanas originales, la identidad de los barrios.

Fuentes

-Archivo Linz de la Transición.

-Archivo histórico local de Alcobendas. Sección “Nuevo Alcobendas”.

-Hemeroteca ABC.

-Santiago Izquierdo. “Episodios de la Historia de Sanse I y II”.

-Julián Caballero Aguado. “Historias del antiguo Alcobendas”.

-Luis Arribas Sandonís y Antonio Cancho López. “El barrio de La Zaporra; de la marginalidad a la centralidad”.

-Documental “La Zaporra, seña de identidad”. Nortevisión.

-Documental “El cura periodista que acogía antifranquistas en Alcobendas”. Nortevisión.

-Página web de la Asociación de Vecinos de La Zaporra.