Necesitamos un apagón, y una vela encendida.

A veces la realidad es tan absurda que lleva fácilmente a caminos de ensoñación que te absortan, te abstraen, y cual marioneta te colocan en mundos paralelos o trasversales en los que siempre estas tratando de salir a flote.

Necesitamos un apagón, un reseteo, un recuperar los cinco sentidos y desarrollar el sexto para recuperar la esencia de vivir. Para salir del agujero negro de mentiras, fake news, y marañas sucias de desinformación, para que lo que es, sea, y para que lo que puede ser, necesitamos y queremos que sea, sea también. Para que lo injusto no quepa por ineficaz, ineficiente e intolerable.

Necesitamos un apagón, romper la inercia, parar la moviola, y darnos tiempo para sabernos útiles, imprescindibles…

Un apagón que desenchufe la prisa, la angustia, la energía sucia, el alimento insano, los pensamientos fulleros y los actos criminales.

Un apagón que corte en seco el saqueo y la extorsión, que le quite volumen al dogmatismo, y cerrojos a la verdad.

Estaría bien tomar tierra, apagar las luces de las ventanas que escupen insultos machistas, o vomitan racismo, xenofobia o patrioterismo caníbal, y encender la que alumbra la mesa que reparte, la que toma de donde más hay, para poner donde más se necesita, sin distingos, sin colores, sin papeles…

Un apagón que desconecte sinvergüenzas, sanguijuelas, usurpadores,  fanfarrones, abusadores, mentirosos, trampas… Estaría bien apagar el plasma y los bits, para tocarnos, desconectar las barreras invisibles y saltar, transitar libres, atentas, y contentas también.

Necesitamos un apagón, y una vela encendida, para que la armonía y el equilibrio encuentren el camino de regreso.

Y sembrar confianza que no necesita enchufe, y da buenas cosechas.

Las mentiras no existen, son invenciones de los mentirosos, que construyen una realidad absurda.

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