necedad

Esto es Madrid, no es Cuba, pero no hay apósitos para curas.

No hay apósitos para curas en la atención primaria madrileña, según la Cadena Ser.

Me debato entre la rabia, las ganas de dar hostias o la de hacerme indolente como la mayoría que me rodea.

No puedo con tanto dolor, con tanta noticia increíble, con tanto hecho insoportable, intolerable… y que no pase nada.

Qué tontería eso de que no haya apósitos en los centros de salud de la comunidad de la libertad de Ayuso y de cuantos le han votado.

Qué tontería tener que ir al médico para que te recete los apósitos con los que curarte.

Qué gilipollez que una cura requiera dos citas médicas, una compra en la farmacia y días de demora. Pensaba que estas cosas solo pasaban en Cuba o Venezuela, o que tendría la culpa Pablo Iglesias.

Qué importa que las autoridades sanitarias madrileñas hayan agotado las existencias de 2019, que hayan quebrantado el precepto de “no ruptura de stock” en los almacenes sanitarios. Esto, quiero recordar, según mi profesora de” Operaciones Administrativas y Documentación Sanitaria” era sumamente importante para quienes estudiábamos Técnico en Cuidados auxiliares de enfermería.

Qué importa que el contrato cumpliera en 2019, y que a día de hoy aun no haya una nueva adjudicación, qué importa. Quienes han votado a Ayuso seguro que no sabían que votaban a quien no hizo su trabajo, a quien no convocó a tiempo el contrato de suministro, y a quién ha mantenido durante más de dos años sin abastecer de material sanitario básico a los centros de salud públicos de la Comunidad de Madrid, incluidos los centros rurales dónde encontrar una farmacia no es tan fácil, pero ¡qué importa!

Qué importa que se cierren centros de atención primaria, o se mantengan cerradas 16 ucis en tiempos de coronavirus, o torres enteras de hospitales, o que no haya apósitos para curas, ni enfermeras, o que importen más unos encierros que el estado sanitario de más de 300.000 habitantes, o que se devuelvan niños marroquíes, o que los refugiados de los campamentos de Grecia continúen allí después de años, o que la fosa común del mediterráneo continúe acumulando cuerpos, vidas y anhelos, o que las tropas estadounidenses le entreguen el poder a los Talibanes para que sus mujeres sufran, para que sus niñas sufran, para que sufran sus mayores, sus hombres, sus gentes, y a China se la sude, y se la sude a la Unión Europea, o que no se vacune a la población mundial y vayamos a estar en riesgo sanitario permanente, o que lo del cambio climático le importe una mierda a todos los que pueden hacer algo por evitar un ocaso prematuro, provocado y dolorosísimo.

Qué importa que ejercer el periodismo sea una profesión de riesgo, no solo porque te despiden o no te contratan, sino porque te matan. Qué importa que la verdad no tome cuerpo entre nosotros, y sin embargo será ella quien nos arrolle, qué importa si mientras nos venden libertad, ese deseo inevitable de cualquiera, les votamos para esclavizarnos, mentirnos, ridiculizarnos, maltratarnos… 

Pues a mí si me importa, porque me duele, y por eso me debato entre la rabia, las ganas de dar hostias o de si seré capaz de hacerme indolente como la mayoría que me rodea, y es que el dolor y la alegría me conmueven, pero la necedad me deja floja.